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DANIEL SEILICOVICH

Con estilo propio, Daniel seilicovich presenta colección de iglesias y monumentos de Buenos Aires, que caracterizan al barrio al que pertenecen.
Los edificios se reconocen por sus formas que en su textura visual, parecen derramados con blandura de dulce. A través de femeninas líneas curvas supera la vertical y el orden jerárquico. Junto a las formas en movimiento lo primero que se percibe es un color arbitrario y saturado que también hace notable su obra.
Desde la planimetría con óleos, acrílicos y técnicas mixtas rescata los rasgos identificatorios y al mismo tiempo trasformados de los edificios por su visión cual si fueran vistos en espejos cóncavo-convexos.
El original paisaje urbano de la Boca con sus casas de madera pintadas por los genoveses con pintura sobrante de los barcos, aparece con rica paleta saturada y abigarrada presencia. Al ver la figura despojada del viejo y oxidado Transportador junto al Puente Nuevo, recordé a los maestros Pio Collivadino y al mismo Chinchela que tantas veces lo presentaron desde sus polisémicas visiones. La Basílica de Luján aparece con sus elevadas torres encontradas como venciendo la direccionalidad en un alarde gaudiano que también recuerda escenarios de Bomarzo. La más importante sinagoga de Buenos Aires luce sus rasgos arquitectónicos y el rico esplendor que la caracteriza. Los silentes claustros franciscanos, testigos de nuestra Historia, están revitalizados por la forma y el color con muros naranja y arcos verdes en una dinámica visión y la tradicional Iglesia del Pilar hubiera asombrado a Juan de Narbona su rico donante. Haciendo uso de su imaginación D. S. concibió el tradicional Bar la Biela a partir de manchas de color con muchos puntos de atención. Con los mismo conceptos de forma y color y despojadas estructuras vencedoras del arte espejo, concibió la Iglesia Rumana y el templo de los Betlehemitas: san Pedro González Telmo que da nombre al barrio.
Casi un templo es la extrañísima construcción del llamado edificio Wolf, que se levantó en el mismo solar donde vivió el Virrey del Pino y su esposa santafesina la llamada después, Virreina Vieja, una inversión del Imperio Austrohúngaro como un recurso económico sudamericano al principio de la Primera Guerra Mundial en 1914. Sus bellísimos capulines cubiertos de cobre lucen en su oxidación verde del Mundo y la Corona Impreial y D. S. muestra su particular visión.
D. S. expone a través de su pintura una cosmovisión espacio-tiempo desde la subjetividad. Con intensión holística del mundo que lo rodea permite al que mira, la comprensión y el goce de la obra en una lúdica invitación a su participación por los sentidos y la memoria. Su tenaz labor y natural talento le abren un camino en la Plástica porque es un pintor comprometido con su tiempo y consigo mismo.
........................................................................Irma Aguado.